Claudia Alvarez Argüelles, la mujer argentina del mundo de la Hotelería

Quién es la argentina que maneja más hoteles en el país

Claudia Alvarez Arguelles maneja 12 hoteles y factura $ 360 millones al año.

Por Juan Manuel Compte y Pablo Ortega

Contadora Pública Nacional (Universidad Nacional de Mar del Plata), siempre tuvo vocación por el negocio, cuenta. “Comencé como un juego. Desde muy chica, empecé a trabajar en mis tiempos libres del colegio. Me fascinaba. Así que mis padres no tenían otra alternativa que dejarme”, relata Claudia Alvarez Arguelles, la mujer que lidera el grupo hotelero que cuatro hoteles propios, y gerencia otros ocho de terceros. En total entre los 12 establecimientos factura$ 360 millones al año.

A los 12, ya atendía el teléfono de la recepción. A partir de ahí, en cada verano, rotó por distintas áreas. “Me permitía seguir aprendiendo, incorporar la mirada desde la operación. Conocerla bien –subraya–. Viví esa vida desde la niñez. Ayuda, si uno quiere dedicarse a esta profesión. Si no, puede llegar a odiarla”.

Una vez recibida, se dedicó full-time. De a poco, se animó a desplegar alas. Se animó a volar lejos. Viajó a Córdoba. Manejó la operación de servicios gastronómicos que el grupo le brindaba a varios sindicatos de esa ciudad. “Eran más de 1000 comidas diarias, un muy buen volumen. Pero, además, de esa experiencia en sí, me pareció una oportunidad de no estar dentro de la estructura del hotel. De poder irme sola”, reflexiona.

No fue el único nido que ya había abandonado. Dejó de vivir en el Iruña cuando se casó. Y llegó a Córdoba con un bebé de seis meses: Matías, su único hijo, quien –sentado a su izquierda– la escucha atento durante la nota.

La hija pródiga retornó después de casi tres años. Finalizaban los ’80. Una idea de sus padres ya había pasado de la cabeza al papel. Mar del Plata, alguna vez llamada “la Biarritz de América del Sur”, carecía de un hotel cinco estrellas que brindara todos los servicios a partir de su propia infraestructura edilicia. “Era un gran sueño que ellos tenían”, cuenta.

Su padre la puso al frente del proyecto. “Una experiencia magnífica”, la define ella. Manuel había convocado a los mejores arquitectos de la Argentina. Se decidió por Mario Roberto Álvarez. El elegido sugirió descartar la idea original: construir el hotel en un terreno lindero al Iruña y, también, renovar ese establecimiento. “Nos explicó que lo que se le pedía para un cinco estrellas de lujo no podía hacerse con una estructura tan antigua. Aunque se remodelará, no lograríamos tener el producto que ansiábamos”, recuerda Claudia. “Así, mi padre empezó a buscar una localización”.

Un día, cuenta, vio un terreno en el extremo del Boulevard Peralta Ramos, frente a Playa Grande, que, siempre, había estado vacío. “Y tenía algo muy interesante: en los ’30, ya se había pensado en hacer un hotel en esa manzana. Con lo cual, encontramos las bases hechas. La localización nos pareció magnífica. A nosotros. Al sector turístico, no”, sonríe.

Nadie es profeta en su tierra. “Será un fracaso”. “Está muy lejos del centro”. “Mar del Plata no está preparada para un cinco estrellas y, menos, uno de lujo”. Algunas de las muchas críticas que escuchó. Pero no fueron los comentarios comarcales lo más desalentador. “La construcción comenzó en 1989. Era una época muy dura de la Argentina. Muy dura. Pensar en proyectos era un poco extraño. Pero así fue”, sonríe de nuevo.

Los 11.000 metros cuadrados planeados resultaron 18.000. Lo que, amén de las dos hiperinflaciones que forzaron a triturar presupuestos, reformuló la ecuación financiera, domesticada cuando US$ 1 fue $ 1. Además, hubo restricciones técnicas. La excavación sola, por ejemplo, demandó un año y dos meses. “Era todo roca. Había que hacerlo con dinamita. Y tenían que ser explosiones muy controladas porque existía entorno ya construido. Queríamos avanzar más rápido. Pero no pudimos”, explica.

Se inauguró para los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, organizados en marzo de 1995. El 28 de enero de 1995, hubo pre-apertura. El corte de cintas tuvo una alta carga emocional: Manuel había fallecido en agosto del año anterior.

Lejos de los agoreros vaticinios, Costa Galana, con sus 16 plantas, hoy es un faro de la ciudad. Para los Álvarez Argüelles, también, fue un punto de inflexión. Matías Basanta Álvarez  –tal el nombre de su hijo– interviene, por primera vez, en la entrevista. “Hasta la apertura de Costa Galana, el 100 por ciento de la actividad era gerenciamiento sobre hoteles propios. A partir de ahí, ampliamos el portfolio a 12, incorporando el management de activos para otros inversores”, puntualiza.

Su madre explica por qué: “Es imposible crecer con velocidad y con inversión. Mas, cuando, en la Argentina, nunca hubo una oferta crediticia pensada para hotelería. No sólo para construir. Hay mucha hotelería que necesita fuerte reinversión. Esto es como el real estate. Pero con la diferencia de que no hay un retorno rápido a través de la venta”.

Así, se incorporaron el Riviera (de Mar del Plata), el Bel Air, el Comahue Business (Neuquén) y los misioneros Maitei y Urbano, ambos, en Posadas. También, los tres establecimientos de su más reciente línea de negocios: los “flaat”, condominios con servicios de hotelería. Ya gestionan tres: el Del Polo (Cañitas), el Basavilbaso (Retiro) y el Recoleta Plaza (frente a la plaza Vicente López).

Entre los proyectos, este año, inaugurará el HA Tower, de 196 habitaciones, en Rosario. “Estamos analizando otros contratos. Algunos, con el ‘o.k.’ verbal. Y otros, en etapa de firma”, sugiere. Todos, en el segmento al que ve con más potencial: cuatro estrellas superior. “Es mucho más flexible –explica–. El cinco estrellas nos encanta. Pero debe haber una demanda muy estudiada para que esa inversión se justifique”. Construir un cinco estrellas cuesta US$ 200.000 por habitación, mensura. Un cuatro, de US$ 100.000 a US$ 160.000. La diferencia es la carga de costos de estructura, ítem que se arrastra luego a los gastos de operación. “De todas formas, recomendamos lo que más le convenga al inversor. De hecho, hay un caso ahora, en el que analizamos entre un cinco y un cuatro estrellas”, comenta.

“Estas aperturas deberían darse en los próximos dos años”, agrega. Serán tres. Ninguna en Buenos Aires. “Está muy ofrecido. Fue un destino muy duro para gestionar en los últimos años”, cuenta, pese a que ve destellos de recuperación en esa plaza: “Comienza a haber, otra vez, un flujo de reservas de turismo de negocios del exterior. A partir de abril, vuelve a aparecer la demanda de europeos reservando. Mucha más demanda corporativa”.

Las cruces de las próximas aperturas, por lo pronto, están marcadas en Santa Rosa, Salta y Punta del Este. Atrae el balneario uruguayo por la desestacionalización que ganará con su nuevo centro de convenciones. A los Álvarez Argüelles, además, los seduce la oportunidad de hacer una primera experiencia de gestión hotelera en el exterior. “Vinieron a buscarnos. Para nosotros, es un salto con red. Seremos muy criteriosos”.

No quiere que el crecimiento los desborde. Que la expansión los saque del foco: la calidad del servicio. No es puro slogan.

Nota publicada en la edición 268 de la revista Apertura.


History

Llegamos a Salta

Cocktail de inauguración de Brizo Salta Hotel.

Ver Nota

Anfitrionas de raza

María del Carmen y Claudia son la presidenta y la CEO de Alvarez Argüelles Hoteles. En una charla íntima, comparten la fórmula que les permitió evolucionar de empresa familiar a familia empresaria.

Ver Nota

Nuestro NewsletterNuestro Newsletter

Inscribite a nuestro newsletter y recibí todas las novedades y promociones de nuestros hoteles